Vas a pensar que está loca. Qué se le ha salido un tornillo de su lugar. Pero vas a convencerte de que ella es la indicada. Vas a verla saltar de repente de la cama y ponerse a bailar en ropa interior, vas a sentir su sonrisa a medio beso, a escucharla hablar sola desde la otra habitación y romperse en llanto por “nada”. No vas a entenderlo de momento, tampoco es que ella vaya a exigir que lo hagas. Le bastará que le hagas segunda, que te rías a carcajadas con ella, que te rompas en llanto, que también bailes de la nada, que discutas contigo en el espejo del baño. Ojalá la veas y la acompañes, ojalá entiendas entonces por qué antes no funcionó y aún con esa muchacha que se va desmoronando, sientes que los engranajes funcionan.
Ojalá no te desesperes de que es lenta para entenderlo todo, que le cuesta llegar al centro de los nudos, que se distrae mucho. Ojalá no te desespere verla tirada en el suelo pensando y decidas tirarte con ella (o tirartela a ella) . Ojalá lo comprendas lo más rápido posible, ella está haciendo lo que puede y del mejor modo.
Ojalá le llenes la cara de besos, ojalá la abraces por la espalda, ojalá le repitas hasta el cansancio que la quieres, ojalá le des la mano incluso cuando estén dormidos.
Ojalá te des cuenta de todo.
Por que ella ya lo hizo.


